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24/03/15

Lollapalooza Argentina, el reflejo de los tiempos que corren

Robert Plant y Jack White
Robert Plant y Jack White - Foto: Facebook Lollapalooza Argentina

Algo de rock, algo de pop y mucha música para bailar signaron las dos jornadas del reconocido festival; Robert Plant, Jack White, The Kooks, Bastille, The Smashing Pumpkins, entre los destacados

La segunda edición del Lollapalooza Argentina se llevó a cabo los días 21 y 22 de marzo, fechas ideales para enganchar con los feriados que se le pegaron y recuperar energías. Es que el sólo hecho de intentar abarcar el gran número de propuestas que el festival ofrece puede ser agotador. Con cuatro escenarios disponibles (Main Stage 1, Main Stage 2, Alternative y Perry´s Stage), además del Kidzapalloza destinado a los más pequeños, la clave, probablemente, haya estado en tomar la grilla de unos 25 artistas por día y elegir de antemano qué ver, si bien cierto lugar para la improvisación y dejarse atrapar por un sonido que no consideramos de antemano también forman parte de la experiencia, palabra esta última que puede parecer rimbombante pero que define a este evento internacional.

Con un público de edades que primordialmente iban de los 16 a 25 años, el look como para pasear por Pinamar prevaleció. Shorts muy cortos, remeras que revelaban el ombligo y algún detalle de bijou para ellas, y bermudas y musculosas para ellos. Para buena parte de los muy jóvenes asistentes, el Lollapalooza sirvió de telón de fondo para lo realmente importante: el encuentro con amigos, las selfies con stick, maravillarse con los drones que los filmaban y la posibilidad de comprar un sándwich y una gaseosa a $ 100. En la segunda fecha, la audiencia pareció más interesada en la música y mostró una actitud más “rockera”, si realmente pudiéramos llamarla así. O quizás podríamos catalogarla como menos indiferente a lo que sucedía en el bellísimo predio del Hipódromo de San Isidro, un lugar perfecto, ideal, para el evento siempre y cuando se cuente con la chance de llegar y volver en auto. El transporte público, una odisea.

Día 1 – Sábado 21 de marzo

La tarde se vio repleta de un grupo de jóvenes ávidos por escuchar los acordes de St.Vincent, la estadounidense cuyo álbum homónimo le valió nuevos seguidores en todo el mundo alternativo. Cierto modernismo y distorsión al principio del show, dieron espacio luego a sonidos más melodiosos aunque distantes.  En el escenario contiguo, y con retraso también, fue el turno de Interpol en una nueva presentación en Argentina. Esta vez fue para difundir canciones de “El Pintor”, su álbum más reciente, del cual tocaron temas como “Anywhere”, “Everything is wrong” o “All The Rage Back Home”.  Con una correcta actuación aunque algo anodina, el cierre llegó con aquel gran hit del grupo llamado “Slow Hands”, caballito de promoción de la banda. Más tarde, se hizo presente Foster The People, que, como cada banda del festival, tiene sus incondicionales. El grupo se adueñó del Main Stage 1 pero su actuación pareció quedar un poco opacada por la gran presentación previa de The Kooks en el escenario 2.

Con Luke Pritchard al frente, The Kooks entretuvo al público con su agradable rock-pop y probó que no hace falta “hacerse el moderno” para gustar. Con la increíble voz de Pritchard - según la mejor tradición británica – el cantante se muestra sexy y carismático y, por momentos, recuerda a Michael Hutchence en sus movimientos. Las chicas lo adoran, gritan. Con un bellísimo atardecer de fondo, el mundo circundante queda atrás y sólo importa bailar. ¿Cómo no hacerlo con la hermosa y positiva melodía de “Junk Of The Heart”? El concierto había abierto con “Around Town” del disco “Listen”, álbum del cual también interpretaron canciones como “Bad Habit”, “Down”, “Westisde”,  “See me now” y “Forgive and Forget”. Pero The Kooks sabe que los grandes hits de la banda no pueden faltar y regalan “She Moves In Her Own Way” y “Always Where I Need To Be”. Una presentación destacada y una agrupación para no abandonar.

El Main Stage 2 esperaba con ansiedad a una leyenda. Un trozo de la historia del rock se para en el escenario y un cosquilleo nos recorre. Es que Robert Plant fue uno de los creadores de clásicos que aún hoy tenemos ganas de escuchar. No necesita impostar una pose que asevere que su música está en concordancia con los tiempos que corren. Sus incursiones en sonidos del mundo lo llevan por caminos que no transitó tan asiduamente y el resultado es positivo. A los 66 años, conserva una gran voz, no sólo por su caudal sino por su expresividad. Simpático, conocedor de multitudes de todo tipo y color, en más de una ocasión preguntó al público si estaba cansado y si ya era suficiente. Comprendió que la audiencia de un festival deambula de aquí para allá y que el frío y el viento pueden atentar contra la acostumbrada calidez de sus fans argentinos. Sin embargo, nada de eso ocurrió. La gente lo vivó, lo idolatró, aunque, también, aceptó sin protestar la finalización del concierto apenas transcurridos una hora y diez minutos (cuando media hora más estaba pautada según los horarios informados). Mansamente, el público comenzó a dirigirse al escenario 1 para el próximo artista. Eso no es rock. Si no se está dispuesto a vociferar durante cinco minutos para que Robert Plant regrese, algo está fallando en el público de este tipo de conciertos. El músico, de todas maneras, volvió rápidamente para interpretar “Rock and Roll” como cierre definitivo. Las canciones más festejadas fueron las de Led Zeppelin: la apertura con “Babe, I´m gonna leave you”, más tarde “Black Dog” y “Whole lotta love”. También, el músico cantó “Rainbow”, un hermoso y, desafortunadamente, poco difundido tema de su último disco, “Lullaby and… the Ceaseless Roar”. Plant se dio el lujo de hacer bromas también y pintar la situación de la industria: "Tenemos un disco nuevo en las disquerías. ¿Qué disquerías? ¿Qué disco? ¿Qué está pasando? Quisiéramos agradecer a Warner Brothers por estar tan visible en este concierto, fantástico, un enorme vacío donde antes había una compañía discográfica". Habló en castellano varias veces, como para hacerse querer más, pero no era necesario. Sin intentarlo, sin buscarlo, dio una lección de rock a quien lo tuviera en frente. Con prestancia, elegancia, carisma y buenas canciones, todos y cada uno de los participantes del Lollapalooza – muchos de ellos reales talentos – quedaron un tanto blureados.

El cierre del escenario 1 estuvo a cargo de Jack White de quien podría decirse que transpiró la camiseta literalmente, al igual que su arrasadora banda. Cercano a cumplir 40 años, sin respirar, con un entusiasmo desbordante, casi sacado, White hilvanó una canción tras otra. El público lo ovacionó, festejó cada muestra de su habilidad musical a medida de que el artista volaba de un instrumento a otro. No estuvieron ausentes tracks de su más reciente disco (“Just One Drink”, “High Ball Stepper”, “Lazaretto”, “Temporary Ground”, “Would You Fight For My Love?”) así como el ya clásico hit de The White Stripes, “Seven Nation Army” y la hermosa, aunque en tono menos pop, “Steady as she goes” de The Raconteurs. El momento cúlmine del show – y del festival entero – quizás haya sido la comunión en el escenario de Jack White y Robert Plant. Juntos, interpretaron “The Lemon Song”, un tema de Led Zeppelin ll. Faltaban más de cinco años para que White llegara a este planeta cuando la canción que versionaron ambos artistas vio la luz pro primera vez. Y aún así sonó actual y conmovió a las cerca de 75.000 almas que se sabían testigos de un cruce histórico, de un hecho del que se hicieron eco los principales medios especializados en rock de Estados Unidos y Gran Bretaña.

El final del evento estuvo a cargo del DJ Calvin Harris, en una jornada que vio pasar a vienticinco artistas y que se preparaba para su segundo día, casi sin descanso.

Día 2 – Domingo 22 de marzo

Pedro Aznar subió puntualmente al escenario a las 16:15 y durante una hora despertó una devoción más que merecida. Fue vivado por los fans en forma contínua y hasta se hizo desear para el bis. Muy contento, centrado y consciente de la situación pareció disfrutar el show y sentirse agradecido de compartir el momento, al igual que los presentes. El argentino interpretó temas de su etapa solista, de Tango 4 (“Mientes”, “Tu amor”) y hasta un cover de “Sorry seems to be the hardest Word” de Elton John, del año 1976. Bautizada como “Ya no hay forma de pedir perdón”, la canción con Aznar al piano arrancó alguna que otra lágrima.

De Gran Bretaña, se pegaron dos bandas. Primero llegó, Alt-J, un grupo que con sólo dos discos logró cautivar al público de su país. Con melodías mid-tempo, su rock alternativo, experimental en cierto modo, agradó a una creciente multitud que pasadas las 17 hs se acercó al escenario a ver de qué se trataba. Un show ideal para bajar revoluciones.

Al término de Alt-J, en el escenario 2, Bastille salió a escena con humildad y terminó con el público metido en su bolsillo. A fuerza de un energético show, la banda comandada por el cantante Dan Smith se mostró sólida, segura de lo que ofrecía y la respuesta de la audiencia los desbordó: “This is ridiculous”, expresó Smith, sorprendido y feliz. Agradecieron una y otra vez, estrenaron “Blame”, una canción que grabaron durante su estadía en Buenos Aires, y tocaron el anteúltimo tema: “Of The Night”, el mash up de “The Rhythm Of The Night” y “Rhythm is a dancer”, dos hits dance de la década del ´90. El público estalló, saltó y bailó. Rostros de disfrute. El final fue para – obviamente – el gran hit de Bastille: “Pompeii”. El tema no permitió  a ningún asistente quedarse quieto mientras el carismático cantante se desplazó hasta el mangrullo, saludó a la gente y siguió disculpándose por no saber bailar bien. Los gritos femeninos podrían significar que a ellas no les importan las cualidades de Dan Smith en materia de danza.

Sin solución de continuidad – expresión que se utilizaba décadas y décadas atrás – fue el turno de una de las grandes atracciones del Lollapalooza. Kasabian tenía una deuda pendiente con sus fans argentinos: nunca se había presentado ante ellos. Hubo una cancelación de último momento en 2012 cuando formaban parte de la grilla del Pepsi Music. La desilusión fue grande, más teniendo en cuenta que otros de su generación como Franz Ferdinand y The Killers sí habían concretado sus shows frente al público de nuestro país en diferentes y variadas oportunidades. Sin embargo, el día llegó. Los británicos desplegaron su veta de rock bailable, electrónico, que han incorporado en tiempo reciente, sobre todo a partir de su última placa, “48:13”. Con un Tom Meighan que recuerda en su expresión al Liam Gallagher de los últimos días de Oasis, los aplausos más cerrados se los llevó el otro vocalista y cerebro de Kasabian, Serge Pizzorno. Grandes pogos, música para los sentidos y buena parte de las canciones de su álbum más reciente (“Bumblebee”, “Eez-eh”, “Stevie”, “Treat”) compusieron el set de la banda de Leicester. De los hits que todos anhelaban escuchar en vivo, interpretaron “Club Foot” y “L.S.F”, mientras que una versión de “Praise You” de Fatboy Slim antecedió a esta última, tal como viene haciendo el grupo en sus conciertos. El cierre a capela estuvo a cargo de Meighan acompañado por el gigantesco coro del público. ¿Acaso hay alguien que no sepa la letra de “All You Need Is Love” de los Beatles?

Quince años antes de que Kasabian debutara en su propio suelo, del otro lado del océano, en Chicago, Estados Unidos, se formaba The Smashing Pumpkins. Con Billy Corgan a la cabeza, la banda adquirió fama y prestigio mundial y volvió a Buenos Aires a mimar a sus seguidores. En una presentación de una hora y media, y con un bagaje musical de nueve álbumes, entregó unas doce canciones entre las cuales incluyó “Being Beige” y “Drum + Fife” de “Monuments to An Elegy”. Desde ya, el grupo no dejó afuera hits como “Tonight, Tonight”, “Ava Adore”, “1979” o “Today”, este último en formato acústico que evidenció el excelente estado vocal de Corgan. Un dato que pudo pasar desapercibido para muchos es que el baterista actual del grupo es Brad Wilk de Rage Against The Machine, y el bajista, un viejo conocido de la Argentina: Mark Stoermer de The Killers. Ante los cánticos del público, la banda regresó a escena para cerrar su concierto con “Zero”, del exitoso “Mellon Collie and The Infinite Sadness”. El artista se mostró contento y el público sintió que – pese al frío y el viento que soportaba – podía haber permanecido frente a su ídolo una hora más,vivando y armando nuevos y enormes pogos. Pero Pharrell Williams aguardaba salir al escenario 1.

Williams, la sensación pop de los últimos 18 meses, arribó a la Argentina por primera vez y se mostró afable, quizás por demás. En un show esperado por la facción menos rockera de los asistentes (muchos niños), la hora y media del concierto transcurrió entre temas solistas como “Come Get It Bae”, “Hunter” o “It Girl”, canciones de su agrupación N.E.R.D. como “Rock Star”, “Lapdance”, “She wants to move” y covers de Snoop Dogg y Gwen Stefani. Por supuesto, en un evento de estas características, los hits son el plato fuerte de cada presentación. Y si se trata de éxitos como “Blurred Lines”, o “Get Lucky” de Daft Punk (tocado dos veces), más aún. El cierre, como se intuía, fue con “Happy” y el agradecimiento del artista por la recepción del público. Un show más propicio para la TV o Internet y que en vivo careció de credibilidad y pasión.

La noche y el festival bajaron la cortina con el show de Skrillex, durante cuyo comienzo buena parte del público emprendía la retirada. Próxima estación: Lollapalooza Argentina 2016.

Robert Plant y Jack White - "The Lemon Song": Robert Plant Jack White The Kooks

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